Perfectopía

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Buscando pintar el lienzo del futuro.

Eso es lo que logra León Hernández mediante “Perfectopía”. Tenemos el lienzo, siempre en blanco, del futuro que se nos acerca. La manera en el que lo hizo fue simple: dejó que cada idea política obtuviese su victoria, pudiera añadir sus pinceladas en este mundo, en el futuro de la Humanidad.

Tenemos una sociedad clasificada en Planificados, Semiplanificados, Tradicionales y Libres. Debido a que esta nueva sociedad se basa en una atomocracia, en la que cada uno decide qué ideas políticas se aplicarán en su vida.

Es así como pinta el lienzo del futuro.

El retrato de los Planificados es un auténtico paisaje orwelliano, lleno de mentes apagadas viviendo reprimidos pero contentos por ello, en lo que frecuentemente se denomina Síndrome de Estocolmo, pero con unos límites ideológicos que, precisamente, acaban por romper esas ideologías y dejando meros sentimientos primitivos e imperfectos: odio e ira que se funden perfectamente con la lujuria, el orgullo y el amor al Gran Líder. Es esa máquina perfectamente calibrada, pero a costa de la dignidad, libertad e individualidad de la persona. Pinceladas suaves y cuidadas, pero de grises apagados, formando figuras estremecedoras. Y tanto empeño ponen, que acaban por intentar tapar la pintura que otros pusieran.

Los Semiplanificados y Tradicionales, por su parte, no son más que tu PPSOE de mercadillo, evolucionado con ciertos radicalismos. No hay mucho que comentar: sus trazos se sienten forzados, pintando un abstractismo con unos tonos variados pero muy apagados, unas personas con identidad y vida pero llevada con desentusiasmo se pueden apreciar sutilmente.

¿Y qué es el mundo para los Libres, aquellos a los que nadie les ha protegido bajo un paternalismo gubernamental? Es aquí donde las figuras son lívidas, dinámicas, variadas, coloridas, bellas. Es el verdadero esplendor de lo que el ser humano es capaz de desarrollar, un mundo de optimismo y de brillante futuro. Ciertamente, lo tiene todo para ser considerado una obra de ciencia ficción, al igual que un Van Gogh era incapaz de ser apreciado en su época. Pero creedme cuando os digo, que en la libertad es cuando Dios nos ofrece más vida y más felicidad. Y es eso lo que la novela busca reflejar.

Ignoraré la dificultad del autor para deleitar los gustos de los hábiles y críticos lectores, que hayan podido degustar esta obra y obtener una respuesta amarga a cambio. Pero a pesar de una cierta laguna de belleza lingüística (que además, no es que nos hallemos ante un guión de Belén Estéban) y de unas mínimas incoherencias que he hallado en los acontecimientos, puedo decir que su visión es bastante certera y reveladora.

Los Planificados, si no ha quedado claro (y lo debiera estar), son Podemos. Casi simultáneamente con la aparición de este libro, el partido liderado por los “indignados” tomó forma. Hoy en día ya es anunciado incluso como la mayor fuerza política del país, con menos de un año de vida y sin más mérito que sus populismos y su “democratización” en círculos. Y nos hallamos ante lo que podría abrir a una de las épocas más oscuras de la historia. León supo ver esto justo antes de que apareciesen, antes que casi todos los demás, que ciegos estábamos y juzgábamos imposible el crecimiento de un movimiento comunista a la magnitud que en estos momentos alcanza. Son, posiblemente, imparables. A menos que se revele su plan antes de que lo lleven a cabo. Y este libro puede ser de gran utilidad en esta tarea.

Por último, decir que en verano de 2013 este marzo, poco después de que se publicase la obra que acabo de criticar, había ideado algo parecido a la atomocracia: una democracia liberal con un “Fondo Común” que agrupase a los comunistas que acepten (voluntariamente) vivir su modelo de vida. Mi futuro aparentaba más bonito, sin duda…

Se pueden obtener más detalles sobre el libro en perfectopia.co.

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¿Podemos ser libres? GNU tras 30 años

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Soy liberal. Bastante liberal. Puede que demasiado liberal. Porque me importa la libertad, porque la libertad es prosperidad y es el mejor arma para la felicidad (sí, aún sabiendo los riesgos que conlleva), es el camino más natural y el que mejor nos permite convivir y crecer. La persona es verdaderamente persona siendo libre, pudiendo actuar no solamente en su propio bien, sino también en beneficio de los demás. Esta es la opinión sobre la que voy madurando mi moral, asentada a su vez en la religión (¿quién dijo que todo tenga que ser objetivo? 😉 ).

Es por ello que una idea como la del proyecto GNU me resulta tan atractiva. Liberarnos de los gobiernos que nos censuran, liberarnos de las empresas que nos vigilan y coartan, liberarnos de los miedos de crackers, seguridad… tener todo el poder posible, para utilizarlo para beneficio nuestro y el de los demás. Con el software GNU podemos compartir, mejorar, colaborar; vivir libres, tanto como individuos como en sociedad. Bonito, ¿eh?

Para el que no tenga ni idea de GNU, le recomiendo encarecidamente que se pase por su web oficial y se adentre en las secciones “Acerca de GNU” y “Filosofía”. Muchísimo texto que describe en detalle un proyecto de tal calibre.

Pero por supuesto, hay que ser realistas. ¿Es este software útil en la práctica? ¿Es sencillo, estable, rápido, funcional? ¿Realmente merece la pena el posible sacrificio por la libertad? Ese es el objetivo de este artículo, resolver dichas preguntas, que son las que siempre separan al usuario del software libre, manteniéndole usando paquetes privativos como el archiconocido Windows.

Sistema operativo, el mayor salto

La batalla entre software libre y software privativo siempre se localiza entre el bando de Windows y el bando de “Linux”. Cuando hablamos de Windows, también englobamos sistemas como Mac; cuando hablamos de Linux, bien queremos decir GNU/Linux (Android no respeta la libertad), bien englobamos otros sistemas como FreeBSD.

Es cierto, este es el aspecto más importante. Es lo que hace que la maquinaria funcione, es lo que le muestra al usuario la cara amigable del ordenador. Es el aspecto que hay que cuidar más de todos. La idea inicial de GNU, de hecho, era crear un sistema operativo 100% libre. Hoy en día parece que ese sistema jamás existirá, pero eso es porque no se necesita. Tenemos cientos de miles de distribuciones GNU. Pero en vez de usar un kernel GNU (Hurd), usan el kernel Linux, de ahí el erróneo nombre que se les da popularmente.

Las distros más conocidas son los miles de Debian (como Ubuntu), Arch, OpenSUSE, etc. ¿El problema? Que no son 100% libres. Intentan respetar la privacidad, pero… ups… tienen aún software privativo. ¿Y eso? Que al parecer, no podemos vivir sin ciertos programas cerrados, como Flash o drivers.

Sí, existen sistemas 100% libres. Mi favorito, Trisquel. Pero lo reconozco, todavía no llegamos al punto en el que no necesitamos de lo “propietario”. El principal problema son las tarjetas gráficas. Si no editas vídeo, no juegas a videojuegos ni quieres un escritorio con efectos chachi pistachi, puedes vivir tranquilamente con una distro de esas. ¿Que quieres aprovechar tu ATI o nVidia al límite? Crudo lo llevas, ahí el sacrificio es monumental. O libertad, o 3D. Me temo que en mi caso escogí lo segundo, pues soy usuario ensimismado de Ubuntu. Eso sí, según tengo entendido, Nouveau funciona de maravilla en sistemas con el kernel Linux-libre, así que si un día necesito formatear, probaré a ver qué tal.

Software de escritorio

Primero, ¿entendéis a qué me refiero con software de escritorio? Pues a las apps como navegador web o suite de ofimática, que funcionan directamente desde el ordenador. ¿Entendido? Bien, pues explico.

Las principales apps de escritorio son, por supuesto, el navegador y las relacionadas con ofimática. Para la primera, no hay que pensárselo dos veces: Firefox. Si bien no estoy seguro de que sea 100% libre (y ahora va a dejar de serlo seguro), es la app FOSS por excelencia, la que todos conocen y hasta usan día a día. De hecho, la gente suele instalarlo, más que por su libertad, por evitar Internet Explorer (cuando ahora eso ni tiene sentido con IE11). Pero es totalmente funcional, sencillísimo, bonito, más ligero que IE y Chrome, y el más compatible con los estándares. En resumidas cuentas, el mejor navegador. Lo que demuestra que software libre es compatible con software de alta calidad.

En el caso de GNU, tenemos el fork de Firefox IceCat. Se llama así porque “Ice isn’t Fire and a Cat isn’t a Fox”. Hay dos principales diferencias: es totalmente libre y viene equipado con software para la protección de la privacidad. Su problema es que está mantenido por un equipo pequeño, así que mientras que estoy escribiendo esto con Firefox 29, la última versión de IceCat es la 24. Aunque pensándolo bien no está tan desactualizado, pues la versión de Firefox correspondiente fue lanzada en septiembre del año pasado.

Por cierto, Chromium (Chrome) es de código abierto, pero al igual que Android, cada vez lo considero menos libre.

En ofimática, otra decisión rápida: LibreOffice. Por sí sola es una app muy completa, y estoy encantado. Pero además están integrándola con la GPU (para mayor rendimiento), y lo más importante, abre sin problemas los documentos de Office. Sí, tanto DOC como DOCX. Es impresionante cómo ha avanzado hasta la versión 4.2 en compatibilidad, y puedo asegurar que ahora mismo es totalmente innecesario usar Office para trabajar. Incluso ni necesitas usar archivos de Office, pues es el propio paquete de Microsoft el que acepta los archivos de LibreOffice (ODF). LOL.

Y para multimedia, es ahí donde el software libre halla su gran bache. En la parte del sistema operativo, la tarjeta gráfica. En la parte del software de escritorio, los codecs. Las apps son excelentes (Rhythmbox, xnoise, Banshee…), y encima tenemos el alabado VLC, que precisamente busca solventar las dependencias de codecs. Pero es que, aun así, formatos como MP3 no están diseñados para respetar la libertad. Tenemos OGG para música y Vorbis para vídeo, pero para ello no es necesario que cambie el software, sino nosotros. Ese va a ser un bache difícil de arreglar.

En cuanto a videojuegos, opino que los engines y bibliotecas deben ser libres, y luego el resto es de menor importancia (aunque si es libre, mejor). Esto se irá solventando lentamente, y de hecho, ideas como las de Unreal van encaminándonos a esa meta. Software de creación de multimedia va por el mismo camino o mejor, tenemos por ejemplo el caso de Blender.

Por último, programación… ¿es broma? ¡El software GNU está hasta en iOS! Es de lejos el mejor para desarrollo. Compiladores, intérpretes, bibliotecas, IDEs… todo lo que desees, gratis y respetando tu libertad. Por supuesto, hay muchos paquetes que no son GNU pero son libres, como Python. Sencillamente imbatibles.

Software de servidor

Y aquí es donde viene el mayor problema. Los servidores son un tipo especial de ordenadores en cuanto al software, pues su naturaleza “apartada” del usuario trae dos problemas éticos. El primero, porque aunque la mayoría del software que ejecuta un servidor hoy en día es libre, lo importante, las web apps, son propietarias casi siempre. Y el segundo, el más importante, que al usar software online estamos dando plena disposición de nuestros datos a terceros. Es lo que Richard Stallman ha denominado servicio sustitutivo del software.

¿Cuáles son las soluciones a estos problemas? Pues son ideas sencillas pero dificultosas de aplicar: crear nuestro propio software libre para servidores, y que éste permita la descentralización de datos. La segunda sentencia es muy crucial, y definitivamente algo novedoso para aquél que al pensar en la “nube” se le vienen a la cabeza Google y Windows Live pero no los protocolos P2P como Torrent. Gracias a esta idea, se pueden instalar servidores que permitan el pleno control de los datos personales, bien caseros, bien comunitarios.

Sorprendentemente, ya contamos con gran parte del software libre que necesitamos para el día a día, y el proyecto GNU ha aportado mucho en busca de esta meta. En concreto, ellos han aportado MediaGoblin, GNU Social y GNU FM.

De los tres, el más maduro y prometedor es MediaGoblin. Una prueba de ello es su reciente campaña de crowdfunding, así que está claro que la gente está tan interesada por este programa que sueltan su dinero a cántaros, cual Fry comprando un eyePhone. Los servidores MediaGoblin sirven, básicamente, para compartir todo aquello que sea imagen o sonido. Soporta por defecto audio (como SoundCloud), vídeo (como Youtube), presentaciones y libros (como Google Drive), modelos 3D (LOL, esto es nuevo) e incluso arte ASCII ( 😀 ). Lo mejor de todo no es esto, sino que además es ilimitadamente extensible (como si quieres compartir un CAD o una gráfica, vamos) y, próximamente, incorporará la biblioteca Federation, que permitirá descentralizar la información, de manera que un usuario registrado en varias webs mostrará siempre en su perfil el contenido publicado en todas. Este software tiene otras características especiales, pero no quiero enrollarme contando todas.

GNU Social es, básicamente, el viejo StatusNet. Nada innovador, es un clon libre de Twitter. Y GNU FM, el motivo por el que redacté este artículo, es un excelente reproductor web que, aún siendo muy básico ahora, ya permite reemplazar sin problemas servicios privativos como iTunes Radio. Se necesitan muchos programadores y sobre todo artistas, así que si eres alguno de ambos, te recomiendo que le eches una ojeada al servidor de “pruebas” Libre.fm y decidas si merece la pena ayudar.

Luego existe más web apps libres que las de GNU. La principal y una de mis favoritas es Diaspora*, otro éxito en crowdfunding, totalmente descentralizada y pionera en el concepto de “aspectos”, copiado posteriormente por Google+ con la denominación de círculos. Su descentralización se basa en “pods”, que recuerdan a servidores de e-mail: cada pod contiene direcciones, como espectalll123@diasp.eu, donde cada persona publica su contenido. Este contenido puede, posteriormente, ser visto por otras personas, sin importar el pod en el que se hayan registrado.

Conclusión

¿Podemos vivir exclusivamente con software libre? Pues no, pero estamos muy, muy cerca. El principal dilema es, irónicamente, la difusión y aceptación social de los programas libres, haciendo entender por qué son mejores que las alternativas. Esto hace un par de años sería imposible, pero con el revuelo de Windows Vista 8 y los leaks de Edward Snowden, la gente está más concienciada con los problemas de lo privativo. Al ofrecerles una alternativa estamos, por tanto, siendo de gran ayuda, tanto para ellos como para la comunidad, que aumenta de tamaño, volviendo más útil y popular este software.

Si yo todavía uso software propietario, es porque es innegable que la transición es compleja. Pero si seguimos así, confío en que algún día el proyecto GNU cumpla su meta y haga de este un mundo mejor.